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Oído y audición

Oído externo: otitis del nadador, hongos y picazón

1 de septiembre, 2026 6 min de lectura Dr. Guillermo Peralta

El conducto auditivo externo —el canal que va desde la oreja hasta el tímpano— tiene una piel delicada y, cuando se irrita o se infecta, duele y molesta muchísimo. La otitis externa y sus variantes son un motivo de consulta muy común, sobre todo en época de calor y baños. Aquí te explicamos por qué ocurren y cómo cuidar tu oído externo.

¿Qué es la otitis externa?

La otitis externa es la inflamación del conducto auditivo externo, causada por infecciones bacterianas o por hongos, o por un eccema de la piel. Produce dolor, hinchazón, sensación de oído tapado y picazón. Es lo que popularmente se conoce como «oído del nadador», porque la humedad que queda atrapada en el conducto favorece que los gérmenes proliferen. A diferencia de la otitis media (que afecta el oído medio, detrás del tímpano), esta compromete el canal externo.

Cuando el problema son los hongos

La otomicosis es la otitis externa por hongos. Suele dar secreciones blanquecinas cuando el hongo es Candida albicans y negruzcas cuando es Aspergillus niger, y tiene la capacidad de perforar el tímpano. Representa entre el 15 y el 20% de las otitis externas y, aunque la mayoría se resuelve, a veces se complica. Se toman muestras de cultivo en casos de inflamación grave, en personas con diabetes o defensas bajas, tras una cirugía o cuando no responde al tratamiento local. Es una de las razones por las que el lavado de oídos está contraindicado en una otomicosis: el agua puede empujar la infección y perforar la membrana.

La picazón y el error de los hisopos

El prurito (picazón) del oído es de las molestias más frecuentes y desesperantes, y muchas veces se origina por un mal hábito: rascarse con hisopos o con objetos. Los hisopos no deben usarse dentro de los oídos —sirven para maquillaje o manualidades, no para el conducto auditivo—: además de empujar el cerumen, pueden lesionar la piel y hasta perforar el tímpano. El prurito también puede deberse a hongos o bacterias, a la humedad atrapada en los pelos del conducto, a un ácaro (demodex), a alergias, a problemas de la articulación temporomandibular o a estados de ansiedad. Su solución suele ser progresiva: desinfectar y desinflamar la piel, hidratarla y, si hace falta, usar corticoides tópicos por periodos cortos. Para el manejo seguro de la cera, revisa nuestro artículo sobre el tapón de cerumen y la limpieza de oídos.

La piel del oído también se enferma

El conducto y el pabellón auricular pueden verse afectados por enfermedades de la piel, lo que se llama eccema ótico. Las más frecuentes son la dermatitis seborreica, la dermatitis atópica, la psoriasis y el acné, y todas comparten picazón y descamación con tendencia a engrosar la piel. La psoriasis en el oído, por ejemplo, forma placas rojizas con escamas blanquecinas que arden y duelen, y resulta especialmente incómoda en quienes usan audífonos. Estos cuadros se manejan en coordinación con dermatología y evitando los irritantes (agua, rascado, hisopos).

El «oído del surfista»

Quienes practican deportes acuáticos —surf, buceo, vela— pueden desarrollar el llamado oído del surfista, una exostosis: un crecimiento óseo benigno y de avance lento en el conducto, provocado por la irritación del agua y el viento frío. Al principio no molesta, pero cuando estrecha el conducto produce otitis externas recurrentes, tapones de cerumen a repetición, sensación de oído tapado y pérdida auditiva tras entrar agua. Cuando obstruye de forma significativa, el tratamiento es quirúrgico. Usar protección para el agua y secar bien los oídos ayuda a prevenirlo.

Una señal de alarma que no hay que ignorar

Existe una forma grave llamada otitis externa maligna (o necrotizante). Se origina en el conducto auditivo externo, habitualmente en adultos mayores diabéticos descompensados u otras personas inmunodeprimidas, y la causa la bacteria Pseudomonas aeruginosa, que produce una osteomielitis de la base del cráneo capaz de comprometer los pares craneales. Requiere tratamiento endovenoso intensivo y prolongado, y la tomografía es clave para evaluar su extensión. Por eso, un dolor de oído intenso y persistente en una persona con diabetes nunca debe subestimarse; su relación con la audición y el nervio facial la vemos también en la hipoacusia y en la parálisis facial.

Cuando el conducto es estrecho o está cerrado

A veces el problema es la forma misma del conducto. La estenosis es un estrechamiento del canal, y la atresia es su ausencia o cierre completo; ambas pueden ser congénitas (presentes desde el nacimiento) o adquiridas por traumas o infecciones. Un conducto estrecho o cerrado dificulta el paso del sonido y favorece la sensación de oído tapado, las infecciones recurrentes y la dificultad para limpiarlo, y puede acompañarse de hipoacusia de conducción. El tratamiento depende de la gravedad e incluye medicamentos, cirugía para crear o ampliar el conducto o el uso de dispositivos auditivos; para la hipoacusia conductiva por atresia o exostosis severas existen incluso sistemas de conducción ósea no implantables, que envían el sonido a través del hueso. Puedes ampliar cómo se rehabilita la audición en nuestro artículo sobre audífonos e implante coclear.

Otros cuadros y cómo prevenir

El oído externo puede presentar otras condiciones: la pericondritis (infección del cartílago de la oreja, que se trata con antibióticos y corticoides), los papilomas o verrugas del conducto, y, en ambientes rurales, hasta la infestación por larvas. En situaciones especiales, como el embarazo, la elección del medicamento debe ser cuidadosa. La mejor prevención es sencilla: no introducir hisopos ni objetos, mantener los oídos secos (especialmente tras nadar), proteger el conducto del agua y no rascarse. Y ante dolor, secreción, picazón persistente o pérdida de audición, acudir al especialista en lugar de automedicarse.

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