Inicio/ Blog/ Hipoacusia (pérdida auditiva): causas, señales y cuándo evaluarse
Oído y audición

Hipoacusia (pérdida auditiva): causas, señales y cuándo evaluarse

1 de agosto, 2026 6 min de lectura Dr. Guillermo Peralta

La hipoacusia —la disminución de la audición— rara vez aparece de golpe: suele instalarse de forma gradual, y por eso muchas personas la notan tarde. Reconocer sus señales y sus causas, y evaluarla a tiempo, marca una gran diferencia en los resultados.

Señales de alerta

Un consejo sencillo: si necesitas subir el volumen de la televisión o pides con frecuencia que te repitan las frases, evalúa tu audición. La detección precoz mejora los resultados. Entre los factores de riesgo actuales figuran el uso de auriculares a volumen alto (más de 80 dB durante más de 40 minutos al día), la diabetes y la hipertensión (que dañan los vasos sanguíneos del oído) y los medicamentos ototóxicos (algunos analgésicos, antibióticos o quimioterápicos).

Enfermedades generales que afectan la audición

La audición no está aislada del resto del cuerpo. En la diabetes, los niveles muy altos de azúcar alteran los pequeños vasos de la estría vascular de la cóclea y el nervio auditivo, mientras que los niveles bajos afectan cómo el cerebro procesa la señal; el resultado es que la hipoacusia es dos veces más común en personas con diabetes y un 30% más frecuente en prediabetes. En la insuficiencia renal crónica el riesgo también aumenta (alrededor de un 25% más): el riñón y el oído comparten origen embriológico, fisiología de líquidos y equilibrio ácido-base, antígenos comunes que los hacen sensibles a factores inmunológicos y a medicamentos que dañan ambos órganos, e incluso mecanismos de transporte entre la estría vascular de la cóclea y la nefrona. Suele expresarse como una hipoacusia neurosensorial en las frecuencias altas (a partir de los 6 kHz) y con alteración de las emisiones otoacústicas, por lo que estos pacientes se benefician de una evaluación auditiva regular. Y ciertas enfermedades reumatológicas autoinmunes pueden causar sordera súbita, aunque representan solo cerca del 1% de los casos, típicamente con pérdida unilateral, plenitud ótica y acúfeno; entre ellas figuran la esclerosis sistémica, la artritis reumatoide, el síndrome de Sjögren, el lupus eritematoso sistémico y otras, motivo por el que a veces se solicitan estudios serológicos ante la sospecha.

Sordera súbita y ototoxicidad

Cuando la pérdida auditiva es súbita, la resonancia magnética es importante para identificar causas subyacentes —tumores, lesiones, inflamaciones o anomalías vasculares— y para planificar el tratamiento, ya que algunas condiciones (como enfermedades del oído interno) no son evidentes con otros métodos. Otra causa a tener presente es la ototoxicidad por quimioterapia: el cisplatino y el carboplatino están establecidos como ototóxicos y pueden producir desde acúfenos hasta distintos grados de hipoacusia, a veces fluctuante o asimétrica; existe un antídoto, el tiosulfato de sodio, que administrado unas horas antes reduce hasta la mitad ese daño.

La «hipoacusia oculta»

A veces una persona refiere problemas para escuchar y, sin embargo, las pruebas habituales (audiometría y logoaudiometría) salen normales. Es la hipoacusia oculta, que se expresa como dificultad para entender en ambientes ruidosos. Hoy se sabe que se debe a una alteración periférica (en las células ciliadas, sus sinapsis con las neuronas o la mielina del nervio coclear) y no, como se creía antes, a un problema de procesamiento central. Para detectarla existen pruebas específicas.

Audición, cerebro y calidad de vida

Cada vez hay más evidencia de una relación entre la hipoacusia y el riesgo de demencia, incluso cuando la pérdida aparece en la juventud o la adultez. Se plantean varias explicaciones: podrían compartir una causa neuropatológica; la hipoacusia reduce la interacción social y lleva al aislamiento y la depresión (que sí son factores de riesgo); y escuchar con dificultad exige un mayor esfuerzo mental que puede afectar la memoria, la atención y otras funciones. Por eso conviene una evaluación auditiva cada dos o tres años —más aún si hay problemas para escuchar en ambientes ruidosos— y, si se detecta una hipoacusia mayor de la esperada, implementar la ayuda auditiva adecuada.

La hipoacusia también tiene un fuerte impacto en la infancia. Además de descartarla siempre que existan dificultades de aprendizaje —incluso en niños con síntomas parecidos al trastorno por déficit de atención (TDAH), con el que puede solaparse—, en el aula ayudan las adaptaciones inclusivas: materiales visuales, buena ubicación respecto al docente y los compañeros, reducir el ruido de fondo y el uso de audífonos, implantes cocleares o sistemas de FM. Enseñar a un niño con hipoacusia exige conocer el tipo y el grado de pérdida, elegir los métodos de comunicación según sus necesidades (desde la lectura labial hasta el lenguaje de señas), trabajar de la mano con audiólogos y terapeutas del habla, y sostener un ambiente de respeto que promueva la inclusión y la empatía. Detectar la hipoacusia a tiempo y acompañarla con estas medidas marca una diferencia real en el aprendizaje y el bienestar del niño.

Causas poco frecuentes que no hay que pasar por alto

Algunas causas son raras pero conviene conocerlas. La hipoacusia tras una punción lumbar es una complicación infrecuente: la pérdida de líquido cefalorraquídeo baja la presión intracraneal, y esa caída se transmite al oído interno alterando los fluidos de la cóclea. Suele ser neurosensorial, afectar las frecuencias graves y acompañarse de acúfeno, vértigo o sensación de oído lleno; en la mayoría de los casos es transitoria y mejora con reposo e hidratación, corticoides y, si persiste, medidas específicas como el parche hemático o la oxigenoterapia hiperbárica. Otra causa rara es la siderosis superficial del sistema nervioso central, un depósito crónico de hierro por hemorragias recurrentes que produce hipoacusia neurosensorial progresiva junto con inestabilidad y ataxia; se diagnostica por resonancia y su manejo pasa por identificar y tratar la fuente del sangrado.

Cuándo evaluarse

La hipoacusia puede ser neurosensorial y tener causas muy variadas —desde la exposición a ruido hasta las complicaciones descritas—. Lo importante es no normalizar la dificultad para oír: una evaluación auditiva ordenada identifica la causa y define el tratamiento. Si notas que oyes menos, que te cuesta seguir conversaciones en grupo o que apareció un zumbido, agenda tu evaluación en Otolux. Detectar a tiempo es el mejor camino para cuidar tu audición: escríbenos para reservar tu cita.

¿Tienes estos síntomas?

Nuestros especialistas pueden evaluarte y orientarte con un diagnóstico oportuno.

Reservar una cita