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Nariz y senos

Pérdida del olfato (anosmia): por qué ocurre y cuándo consultar

20 de agosto, 2026 6 min de lectura Dr. Guillermo Peralta

El olfato es un sentido que solemos dar por sentado hasta que falta. Su pérdida —total (anosmia) o parcial (hiposmia)— afecta el disfrute de la comida, la seguridad (detectar humo o gas) y la calidad de vida. Conocer sus causas ayuda a saber cuándo es pasajero y cuándo conviene estudiarlo.

¿Qué es la hiposmia?

La hiposmia es la reducción de la capacidad para detectar olores, mientras que la anosmia es su ausencia. Sus causas pueden ser traumáticas, degenerativas, tumorales o infecciosas, pero la más frecuente es la que aparece después de infecciones, especialmente tras una sinusitis o en presencia de pólipos nasales. Es decir, muchas veces el olfato se pierde porque la inflamación y la obstrucción impiden que el aire —y con él las moléculas de olor— llegue a la zona olfatoria de la nariz.

Causas más comunes

Entre las causas destacan las enfermedades nasosinusales: la sinusitis reduce el olfato como parte de sus síntomas, junto con la congestión, el dolor facial y la secreción espesa; la rinitis alérgica y la poliposis también obstruyen el paso del aire. Las infecciones virales son otra causa clásica, y en años recientes la COVID-19 puso el foco en la anosmia como uno de sus síntomas característicos. Los traumatismos, como una fractura nasal, pueden alterar o hacer perder el olfato entre sus complicaciones. Y en algunas enfermedades neurodegenerativas, como el Parkinson, la pérdida del olfato aparece de forma temprana —incluso años antes de los síntomas motores— por degeneración de las neuronas olfatorias.

Cuando el olfato cambia de otras maneras

No siempre se trata de perder olfato. La hiperosmia es un aumento de la agudeza olfatoria que puede asociarse a migraña, epilepsia del lóbulo temporal o cambios hormonales del embarazo. Conviene distinguirla de la hipersensibilidad a olores específicos, donde el umbral de detección es normal. También existen alteraciones cualitativas, en las que los olores se perciben distorsionados. Y hay que recordar que buena parte de lo que llamamos «sabor» depende en realidad del olfato, por eso al perderlo la comida parece insípida.

Señales que obligan a estudiar la nariz

Aunque la mayoría de las pérdidas de olfato son benignas y se relacionan con infecciones o alergias, algunas requieren descartar causas más serias. Los tumores nasales o de los senos paranasales pueden manifestarse con anosmia junto a obstrucción nasal unilateral, secreción sanguinolenta o epistaxis; conviene conocer las señales de alerta del cáncer de cabeza y cuello y también nuestro artículo sobre la epistaxis. Otro signo a tener en cuenta es la salida de líquido transparente por una fosa nasal (rinorraquia), que puede acompañarse de anosmia y requiere atención por el riesgo de meningitis.

El olfato como aviso temprano

El olfato puede ser un centinela de la salud del cerebro. En la enfermedad de Parkinson, la pérdida del olfato suele aparecer de forma temprana —incluso años antes de los síntomas motores— por la degeneración de las neuronas olfatorias. También se ha planteado que la hiposmia puede preceder al deterioro cognitivo, lo que refuerza la idea de que un cambio inexplicable y persistente en el olfato no debe ignorarse. No se trata de alarmar, sino de dar a este síntoma la atención que merece cuando no tiene una causa evidente.

Golpes, tumores y otras causas nasales

Un traumatismo nasal puede alterar o hacer perder el olfato: entre las complicaciones de una fractura de nariz figuran, además del cambio estético y la dificultad para respirar, la pérdida del sentido del olfato, el hematoma o la perforación del tabique y la desviación septal. Los tumores de los senos paranasales, como los del seno maxilar, son un caso engañoso: durante su crecimiento pueden ser asintomáticos y, más adelante, dar obstrucción, anosmia, deformidad de la nariz o una sinusitis que no responde al tratamiento. Por eso, ante una pérdida de olfato acompañada de síntomas unilaterales, la evaluación no debe postergarse.

¿Se puede recuperar el olfato?

La respuesta depende de la causa. Cuando la pérdida es posterior a una infección —la situación más frecuente— o se debe a la inflamación de una sinusitis, una rinitis o unos pólipos, tratar ese problema de fondo puede mejorar el olfato, porque muchas veces el aire simplemente no llega a la zona olfatoria por la obstrucción. En cambio, cuando el daño es de las propias neuronas olfatorias —por un traumatismo o una enfermedad degenerativa— la recuperación es más incierta. Por eso el primer paso es identificar la causa: una endoscopia nasal y, cuando hace falta, estudios de imagen permiten ver si hay inflamación, pólipos u otra lesión que explique el síntoma y que se pueda tratar. Puedes revisar también nuestros artículos sobre la sinusitis y la rinitis, causas frecuentes detrás de un olfato disminuido.

Cuándo consultar

Si la pérdida de olfato aparece con un resfrío o una sinusitis y se recupera al mejorar, suele ser esperable. Pero conviene consultar cuando persiste tras resolverse la infección, cuando es unilateral, cuando se acompaña de obstrucción o sangrado de un solo lado, o cuando se presenta sin causa aparente. Una evaluación con endoscopia nasal —y en ocasiones estudios de imagen— permite identificar el origen y orientar el tratamiento, que dependerá de la causa: desde controlar la inflamación nasal hasta abordar la poliposis. No normalices quedarte sin olfato: es un sentido que también cuida tu salud.

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