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Garganta y voz

Cáncer de cabeza y cuello: señales de alerta que no debes ignorar

8 de agosto, 2026 5 min de lectura Dr. Guillermo Peralta

El cáncer de cabeza y cuello agrupa tumores de la nariz y los senos paranasales, la nasofaringe, la boca, la garganta y la laringe. Muchos de sus síntomas iniciales se parecen a los de una infección común, y ahí está el peligro: se restan importancia y el diagnóstico se retrasa. Conocer las señales de alerta puede salvar vidas.

Síntomas que no deben pasar dos o tres semanas

La regla general es sencilla: los síntomas que no mejoran en 2 a 3 semanas merecen evaluación. Entre las señales de alarma más importantes están:

  • Ronquera persistente: una disfonía que dura más de 2-3 semanas, sobre todo en fumadores, obliga a una laringoscopía para descartar cáncer de laringe.
  • Bulto en el cuello: una adenopatía cervical que no desaparece; en el carcinoma nasofaríngeo, los ganglios del cuello son el primer signo hasta en la mitad de los casos.
  • Obstrucción nasal unilateral con secreción sanguinolenta o epistaxis, que puede indicar un tumor nasal o de los senos.
  • Oído tapado en un adulto: la hipoacusia conductiva, la plenitud ótica o la autofonía de un solo lado pueden reflejar un tumor de nasofaringe que obstruye la trompa de Eustaquio.
  • Dificultad o dolor al tragar, pérdida de peso inexplicable, tos con sangre o una úlcera en la boca que no cicatriza.

Dónde aparecen y cómo se manifiestan

El carcinoma nasofaríngeo suele diagnosticarse tarde por lo inespecífico de sus síntomas: adenopatías cervicales, síntomas de oído, obstrucción nasal y epistaxis, y en casos avanzados alteraciones oculares o neurológicas. El carcinoma orofaríngeo (amígdala, paladar blando, base de la lengua) se asocia sobre todo al tabaco y el alcohol, sus síntomas imitan una infección y tiene mejor pronóstico cuando se relaciona con el virus del papiloma. En la laringe, la ronquera es el síntoma guía. Y en la nariz y los senos, la obstrucción unilateral progresiva, la secreción sanguinolenta y la pérdida de olfato son datos a vigilar.

Lesiones «premalignas» y factores de riesgo

Algunas lesiones anticipan el riesgo. La leucoplasia de las cuerdas vocales (manchas blancas) es una displasia que puede evolucionar a cáncer y requiere control aun después de operada. El papiloma invertido nasal y el papiloma laríngeo, ambos relacionados con el virus del papiloma, son recidivantes y potencialmente premalignos. Los principales factores de riesgo son el tabaco y el alcohol, y la infección por el virus del papiloma (VPH). Ante amígdalas muy asimétricas con signos sospechosos, puede indicarse una biopsia.

Diagnóstico y tratamiento

El diagnóstico definitivo casi siempre requiere biopsia, apoyada en la endoscopía y estudios de imagen. El tratamiento combina cirugía, radioterapia y quimioterapia según el caso. Conviene conocer que estos tratamientos tienen efectos que el equipo previene y controla: la radioterapia en cabeza y cuello puede causar hipoacusia (hasta en tres de cada cuatro pacientes) y lesiones orales por sequedad, y algunos quimioterápicos como el cisplatino son ototóxicos —para lo cual existe un protector, el tiosulfato de sodio—. Por eso el seguimiento auditivo y oral forma parte del cuidado integral, como también vemos en la hipoacusia.

Tumores de la nariz y los senos

Los tumores nasales y de los senos paranasales merecen mención aparte porque suelen dar la cara tarde. Un tumor del seno maxilar puede permanecer asintomático mientras crece dentro del seno y, después, producir obstrucción nasal, anosmia, deformidad de la nariz, hinchazón de la mejilla, protrusión del ojo o una úlcera en el paladar; a veces se manifiesta como una sinusitis que no responde al tratamiento. Los tumores nasales dan obstrucción unilateral y progresiva, con secreción que puede ser sanguinolenta y dolor. Incluso la destrucción del tabique nasal puede tener un origen tumoral (carcinomas, linfomas o sarcomas), además de causas como el consumo de cocaína o las vasculitis. Ante estos signos, la endoscopia, la tomografía y la biopsia son fundamentales.

Después del tratamiento: efectos a cuidar

El tratamiento del cáncer de cabeza y cuello puede dejar secuelas que el equipo previene y acompaña. La radioterapia en esta región daña los pequeños vasos y puede causar, incluso años después, una osteonecrosis del hueso temporal, con dolor de oído, supuración y pérdida de audición; además produce sequedad de boca, úlceras y caries por afectación de las glándulas salivales, por lo que se planifica un cuidado bucal preventivo. La quimioterapia con fármacos como el cisplatino es ototóxica y puede provocar zumbidos e hipoacusia, para lo cual existe un protector, el tiosulfato de sodio. Por todo esto, el seguimiento auditivo y oral forma parte del tratamiento integral, y quien nota que oye menos durante o después del tratamiento debe comentarlo pronto; puede ayudar revisar nuestro artículo sobre los audífonos y el implante coclear.

La clave es no esperar

La mayoría de los dolores de garganta, ronqueras y congestiones son benignos y pasajeros. Pero cuando un síntoma es unilateral, progresivo o no mejora en dos o tres semanas, merece una evaluación. Detectar a tiempo un cáncer de cabeza y cuello mejora enormemente el pronóstico y las opciones de tratamiento.

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