Adenoides y amígdalas: cuándo se operan y qué esperar
La extirpación de adenoides y amígdalas es una de las cirugías más frecuentes en niños, pero también una de las más malinterpretadas. Operar o no operar depende de indicaciones concretas, no de creencias populares. Te explicamos cuándo tiene sentido, cuándo conviene esperar y cómo es la recuperación.
¿Por qué crecen las adenoides?
Las adenoides pueden agrandarse por causas infecciosas (virus y bacterias) y no infecciosas, como el reflujo, las alergias y la exposición al humo del cigarro. Por eso, antes de operar, lo primero es tratar las causas: las infecciones nasosinusales y la inflamación de la vía aérea deben controlarse antes de indicar la cirugía.
Adenoidectomía: cuándo se indica
Se plantea principalmente por hipertrofia (cuando el tamaño obstruye): apnea del sueño, malformaciones craneofaciales por respiración bucal, y compromiso del oído como otitis media aguda recurrente, crónica o secretora persistente. También por foco infeccioso: rinosinusitis crónica o recurrente y las mismas indicaciones óticas, aun sin gran crecimiento adenoideo, y ante sospecha de enfermedad maligna. En cambio, no son criterios para operar mejorar el desarrollo del niño, aumentar el apetito ni la halitosis. Se actúa con especial cuidado en menores de 2 años (mayor recidiva), ante alteraciones del paladar o problemas de coagulación. Las adenoides agrandadas comprimen la trompa de Eustaquio, lo que explica su relación con la otitis media secretora.
Amigdalectomía: menos frecuente, más precisa
La amigdalectomía ha descendido mucho desde los años 60 gracias a diagnósticos más precisos. Sus indicaciones absolutas son el cáncer amigdalar, la apnea del sueño y la amigdalitis hemorrágica. Las relativas se basan en la frecuencia de infecciones: 7 episodios en el último año, 5 por año en los dos últimos, o 3 por año en los tres últimos; también la amigdalitis crónica que no responde y el absceso periamigdalino recurrente. Se aconseja operar tras 3 meses de la última infección y, de preferencia, no antes de los 3 años por el bajo volumen sanguíneo. No está indicada por trastornos del crecimiento, maloclusión, halitosis persistente ni dificultad para masticar. Un dato importante: en profesionales de la voz hay que ser muy cauto, porque al cambiar los volúmenes de las cavidades resonadoras puede modificarse el timbre; conviene revisar también nuestro artículo sobre la salud de la voz.
Respiración bucal y su impacto
Las adenoides agrandadas obligan al niño a respirar por la boca, y eso tiene consecuencias más allá del ronquido. La respiración bucal mantenida puede alterar el desarrollo de la cara y la mordida, motivo por el cual la cirugía suele completarse con terapia para el respirador oral. Además, las adenoides son solo una de las causas de obstrucción de la trompa de Eustaquio: también intervienen las infecciones respiratorias, la rinitis alérgica, el reflujo, la desviación del tabique, la sinusitis o la poliposis. Por eso, cuando hay compromiso del oído, la valoración debe ser completa antes de decidir la cirugía. Un cuadro frecuentemente asociado es el síndrome de rinorrea posterior (goteo de secreciones de la nariz hacia la garganta), que produce tos irritativa, flema y a veces disfonía leve, y cuyas causas —sinusitis, alergia, adenoiditis o reflujo— conviene identificar.
El postoperatorio: qué ayuda de verdad
Los primeros días, la dieta líquida y los helados de crema simples alivian: el frío reduce la inflamación y adormece la zona, hidratan y aportan calorías cuando el dolor dificulta comer. Conviene evitar los que llevan trozos que raspen y alternar con líquidos fríos o gelatinas. Sin embargo, se ha comprobado que retomar la dieta normal ayuda a que los músculos no se atrofien, disminuye el dolor y mejora la fonación, así que cada paciente necesita su indicación. Sobre los antibióticos, la evidencia es contundente: no deben usarse de rutina tras la amigdalectomía, porque no reducen el dolor, el sangrado ni las complicaciones; se reservan para situaciones puntuales (infección documentada o pacientes de riesgo como cardiopatías). La fiebre leve las primeras 24-48 horas y la halitosis son parte de la cicatrización normal.
Casos que requieren cuidados especiales
Algunos pacientes necesitan una planificación adicional. En quienes tienen trastornos de la coagulación —como la hemofilia—, la cirugía se coordina con hematología, con un plan de reemplazo de factores y vigilancia, porque el sangrado tras la adenoamigdalectomía puede aparecer hasta la séptima semana. En el síndrome de Down hay mayor frecuencia de patología rinosinusal y mayor riesgo durante ciertas maniobras cervicales, por lo que se opera con precauciones específicas. Y la amigdalitis hemorrágica —cuando el paciente sangra por las amígdalas, sobre todo en infecciones faríngeas— es en sí misma una indicación para tratar la zona, ya sea con criptólisis o amigdalectomía. Cada situación exige una valoración individual antes de operar.
Complicaciones a reconocer
Hoy son cirugías muy seguras, pero conviene conocer sus posibles complicaciones para actuar a tiempo. La hemorragia es la más temida, ya que las amígdalas están muy irrigadas; puede aparecer incluso semanas después, sobre todo en personas con trastornos de coagulación, donde se planifica todo con hematología. Otras poco frecuentes son el edema pulmonar postobstructivo, el laringoespasmo, y muy raramente el síndrome de Grisel (subluxación de las vértebras cervicales por inflamación, con más riesgo en el síndrome de Down), el enfisema cervical o la incompetencia velofaríngea tras la adenoidectomía. Reconocer signos como el sangrado o la deglución frecuente permite un manejo oportuno.
La decisión de operar debe ser individual y basada en criterios claros. Si tu hijo ronca, hace pausas al dormir o repite infecciones de garganta u oído, vale la pena una evaluación; la apnea también se aborda en nuestro artículo sobre la apnea del sueño y el ronquido.
Reserva tu evaluación en Otolux
¿Tu hijo ronca, repite infecciones o crees que necesita una evaluación de adenoides y amígdalas? El Dr. Guillermo Peralta, otorrinolaringólogo, puede orientarte con un diagnóstico preciso y un tratamiento a tu medida. Agenda tu cita desde nuestra página de contacto o escríbenos directamente por WhatsApp.
¿Tienes estos síntomas?
Nuestros especialistas pueden evaluarte y orientarte con un diagnóstico oportuno.
Reservar una cita