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Garganta y voz

Apnea del sueño y ronquido: cuando dormir no descansa

18 de agosto, 2026 6 min de lectura Dr. Guillermo Peralta

Roncar no siempre es un problema, pero a veces es la punta del iceberg de un trastorno serio: la apnea obstructiva del sueño. Cuando la respiración se interrumpe repetidamente durante la noche, el descanso deja de ser reparador y la salud se resiente. Distinguir el ronquido inofensivo de la apnea es fundamental.

Qué es la apnea del sueño

El síndrome de apnea e hipopnea obstructiva del sueño (SAHOS) lo sufre más de la tercera parte de la población. Se debe a múltiples factores que estrechan u obstruyen la vía aérea superior durante el sueño: una reducida longitud de la naso y orofaringe, la hiperplasia de adenoides y amígdalas, la hipotonía muscular, el reflujo laringofaríngeo y la obesidad. En personas mayores hay que pensar además en la hipertrofia de las amígdalas linguales. La obstrucción nasal también contribuye: la hipertrofia de cornetes o la desviación del tabique aumentan la resistencia al paso del aire.

El ronquido como señal de alarma

La apnea es «no solo ronquidos». La combinación de ronquidos + pausas respiratorias + cansancio diurno es la señal de alarma clásica. Existe además una forma más sutil, el síndrome de resistencia aumentada de la vía aérea superior, que se da en personas jóvenes, sin sobrepeso y sin apneas ni caídas de oxígeno, pero con ronquido y microdespertares que deterioran el descanso y producen somnolencia excesiva. Un dato revelador: el bruxismo (rechinar los dientes) se relaciona con la apnea en más del 90% de los casos, porque los microdespertares desencadenan contracciones musculares; por eso, ante bruxismo, conviene investigar la apnea.

Por qué importa: los riesgos

La apnea no tratada tiene consecuencias sobre todo el organismo. Aumenta el riesgo cardiovascular: eleva la hipertensión y el riesgo de infartos. El sueño fragmentado por microdespertares —en los que la persona pasa del sueño profundo al superficial— impide un descanso reparador y afecta el rendimiento y el ánimo durante el día. En los niños, la hiperplasia de adenoides y amígdalas es una causa frecuente y puede provocar respiración bucal y alteraciones del desarrollo facial, lo que refuerza la importancia de evaluarla; puedes leer más en nuestro artículo sobre adenoides y amígdalas.

La nariz también cuenta

Respirar bien por la nariz es parte de un buen dormir. Los cornetes regulan el flujo de aire y lo humidifican, pero cuando se agrandan (hipertrofia de cornetes) generan obstrucción nasal y pueden favorecer la apnea. Lo mismo ocurre con la desviación del tabique. Por eso, mejorar la permeabilidad nasal —por ejemplo, con una reducción conservadora de los cornetes— no solo alivia la obstrucción: también facilita el uso del CPAP y disminuye la resistencia de la vía aérea. La evaluación de la apnea, entonces, incluye revisar toda la vía respiratoria superior, de la nariz a la base de la lengua.

La apnea en los niños

En la infancia, la causa más frecuente de apnea es la hiperplasia de adenoides y amígdalas. Un niño que ronca, hace pausas al respirar, duerme inquieto y respira por la boca durante el día merece una evaluación, porque el problema puede afectar su descanso, su rendimiento y hasta el desarrollo de la cara. En estos casos, la cirugía de adenoides y amígdalas suele resolver el cuadro; lo desarrollamos en nuestro artículo sobre cuándo se operan las adenoides y amígdalas. Conviene saber, además, que la apnea aumenta el riesgo de laringoespasmo durante una cirugía, por lo que informar de este antecedente al equipo médico es importante.

Qué soluciones existen

El tratamiento depende de la causa y la gravedad, y por eso requiere una evaluación previa del sueño. El CPAP, un dispositivo que mantiene la vía aérea abierta con presión de aire, es efectivo en cerca del 90% de los casos. Para casos leves existen los dispositivos de avance mandibular. Y cuando corresponde, se plantean cirugías multinivel según la evaluación durante el sueño inducido, que identifica dónde se produce la obstrucción. Mejorar la permeabilidad nasal —por ejemplo, reduciendo cornetes hipertróficos o corrigiendo una desviación— facilita el uso del CPAP y disminuye la resistencia de la vía aérea. Controlar el peso y el reflujo también forma parte del abordaje.

Cómo se estudia

Diagnosticar bien la apnea es clave porque, pese a afectar a más de un tercio de la población, suele estar infradiagnosticada. El estudio del sueño permite medir las apneas y las caídas de oxígeno durante la noche, y diferenciar el SAHOS del síndrome de resistencia aumentada de la vía aérea, en el que hay ronquido y microdespertares pero sin apneas ni desaturaciones. Cuando se plantea cirugía, la evaluación durante el sueño inducido ayuda a identificar exactamente en qué punto se produce la obstrucción, para dirigir el tratamiento. Conviene recordar, además, que algunas enfermedades neurológicas como el Parkinson pueden producir apnea y ronquidos por la rigidez de los músculos de la faringe, de modo que el estudio siempre valora el contexto de cada persona.

Cuándo consultar

Si roncas fuerte y a diario, si tu pareja nota que dejas de respirar por momentos, o si te levantas cansado y con somnolencia durante el día, conviene una evaluación otorrinolaringológica. La apnea del sueño es tratable, y hacerlo a tiempo protege tu corazón, tu descanso y tu calidad de vida.

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