Reflujo laringofaríngeo: cuando la garganta molesta sin acidez típica
Muchas personas conviven con carraspeo, tos o sensación de «nudo» en la garganta sin la típica acidez del estómago, y pasan meses sin encontrar explicación. Detrás puede estar el reflujo laringofaríngeo (RLF), una condición en la que el contenido gástrico asciende hasta la garganta y afecta la vía respiratoria. Como sus síntomas se parecen a los de otras molestias de garganta, es frecuente que se confunda o se trate de forma incorrecta; por eso, reconocerlo y diferenciarlo de otros cuadros es clave para tratarlo bien.
RLF y reflujo gastroesofágico no son lo mismo
Aunque suelen confundirse, son distintos. En el reflujo laringofaríngeo el problema está en el esfínter esofágico superior: las manifestaciones aparecen solo en la vía respiratoria, el esófago suele estar normal y los síntomas se dan principalmente de día y estando de pie. En el reflujo gastroesofágico con manifestación extraesofágica, en cambio, el déficit está en el esfínter esofágico inferior, hay daño en el esófago y predomina de noche o al estar acostado. Sus tratamientos también difieren, por lo que distinguirlos importa: un abordaje pensado para el reflujo nocturno del esófago no necesariamente resuelve los síntomas respiratorios diurnos del reflujo laringofaríngeo, y viceversa. Identificar cuál de los dos predomina evita tratamientos incompletos y consultas repetidas.
Síntomas: cómo se manifiesta
El RLF suele diagnosticarse por sus síntomas, entre ellos:
- Sensación de globo faríngeo (bulto en la garganta).
- Disfonía o voz grave.
- Tos crónica o persistente.
- Carraspeo frecuente.
- Dolor de garganta.
- Dificultad para tragar.
- Ardor o irritación de la garganta.
El globo faríngeo merece una mención: es la sensación de bulto o hinchazón en la garganta que, sin embargo, no dificulta el paso de los alimentos ni la respiración, e incluso muchas veces mejora al comer o beber. Puede deberse al reflujo laringofaríngeo, a la ansiedad y, más raramente, a la sequedad de boca (xerostomía).
Un círculo vicioso con la halitosis
El RLF también se relaciona con el mal aliento, y no de forma aislada, sino creando un círculo vicioso:
- El reflujo de ácidos y enzimas gástricas llega hasta la garganta y la boca.
- Ese ácido neutraliza el pH de la saliva, creando un ambiente perfecto para las bacterias anaerobias productoras de azufre.
- Las bacterias colonizan y se multiplican en el dorso de la lengua, sobre todo en la parte posterior —rugosa y poco accesible—, formando la saburra (lengua blanca o «sucia»).
- Al metabolizar restos de comida, células muertas y mucosidad, esas bacterias liberan compuestos volátiles de azufre —como el sulfuro de hidrógeno (olor a huevo podrido) y el metilmercaptano—, responsables del mal aliento.
- La carga bacteriana excesiva puede, a su vez, irritar e inflamar la mucosa y aumentar la sensibilidad al ácido, potencialmente empeorando el reflujo.
Por eso, abordar a la vez la causa (el reflujo) y su consecuencia directa (la saburra lingual) permite controlar la halitosis de manera eficaz.
¿Cómo se diagnostica?
Entre los métodos habituales están la laringoscopia y la pH-metría. Además, en pacientes con sospecha, la prueba terapéutica con inhibidores de la bomba de protones ha demostrado ser una estrategia diagnóstica eficaz: cuando los síntomas mejoran con el tratamiento, esa respuesta ayuda a confirmar el diagnóstico. Por eso conviene no automedicarse ni abandonar el tratamiento a la primera mejoría, sino seguir el plan indicado por el especialista, ya que el RLF suele requerir constancia durante varias semanas.
Tratamiento: medicación y hábitos
La base del tratamiento son los inhibidores de la bomba de protones, pero las medidas no farmacológicas son fundamentales:
- Echarse recién 3 horas después de la última comida.
- Evitar cafeína, gaseosas, picantes, grasas, licor, cítricos, menta y frituras.
- Comer porciones pequeñas y lentamente.
- Bajar de peso.
- Incrementar la ingesta de agua.
- Evitar la ropa ajustada al abdomen.
En cuanto a la dieta alcalina (frutas y verduras no ácidas) y el agua alcalina, se ha observado que pueden beneficiar a algunos pacientes, constituyéndose en una alternativa útil sobre todo para quienes toman hormona tiroidea, tienen antecedentes cardíacos o son alérgicos a los inhibidores de la bomba de protones. Conviene recordar que estas dietas podrían estar contraindicadas en personas con problemas del hígado o los riñones, por lo que deben indicarse con criterio médico.
¿Y el té y las infusiones?
Su efecto sobre el RLF es variable. Pueden ayudar infusiones como la manzanilla (calmante), el jengibre (reduce el ácido y calma la irritación) y el kión (protege el esófago). Conviene evitar el té negro, verde o con cafeína (la cafeína irrita), el té de menta (relaja el esfínter y facilita el reflujo), las bebidas muy calientes o con mucha azúcar y el té con limón por su acidez. La hidratación principal debe ser con agua, y el té conviene tomarlo con moderación, preferiblemente descafeinado y limitándolo a una taza al día. La clave para un consumo seguro es la moderación y la elección adecuada del tipo de infusión, además de cuidar la temperatura (evitar las muy calientes) y los añadidos (limitar el azúcar y el limón).
En resumen
El reflujo laringofaríngeo se manifiesta sobre todo en la vía respiratoria —carraspeo, tos, disfonía o sensación de globo— y no siempre con la acidez clásica del estómago, lo que explica que muchas veces pase desapercibido. Su manejo combina los inhibidores de la bomba de protones con cambios de hábitos, y en casos seleccionados se apoya en la dieta y el agua alcalinas. Distinguirlo del reflujo gastroesofágico y confirmarlo con laringoscopia, pH-metría o una prueba terapéutica bien conducida permite un tratamiento realmente eficaz.
Un caso especial en bebés
El reflujo también se relaciona con la laringomalacia del recién nacido, que se expresa con estridor inspiratorio que empeora hasta los 6 meses. Cuando los síntomas aparecen al nacer o a los pocos días (tipo I), suelen mejorar mucho con medicación para el reflujo; si aparecen más tarde, no suelen deberse al reflujo. Valorar esta relación ayuda a elegir el tratamiento conservador más apropiado.
Si llevas semanas con carraspeo, tos o la sensación de algo en la garganta, no lo dejes pasar: agenda tu evaluación en Otolux para confirmar el diagnóstico y recibir un tratamiento a tu medida. Reserva tu cita aquí.
¿Tienes estos síntomas?
Nuestros especialistas pueden evaluarte y orientarte con un diagnóstico oportuno.
Reservar una cita